segunda-feira, 3 de agosto de 2009

ENTRETIEMPO


...estamos de vacaciones
pero los libros nos siguen,
como nos siguen las aguas y los vientos...

El universo en una rama seca

por Gisele Lemos
Vivimos en una época de muchos nombres: postmodernidad, “prolongamiento de la modernidad”, según Gilles Lipovetshy, y “modernidad líquida”, según Zygmunt Bauman, en oposición a la “modernidad sólida”.
En la postmodernidad ya no hay un mito fundacional que explique el mundo. Eso se debe a lo que Bauman llamó “derretimiento de los sólidos”, que significa, por definición, la disolución de lo que persiste al tiempo, al pasaje o al flujo, o sea, las tradiciones, las convenciones sociales y los valores.
La disolución del matrimonio, de la familia, de la moral y de la ética, entre muchos otros ejemplos que podríamos mencionar, refleja cuestiones mundiales de nuestro tiempo, sobre las relaciones interpersonales y las relaciones con el entorno bajo el dominio de las ciudades, del flujo de informaciones sin interrupción, del capitalismo devastador y de las tecnologías que proliferan en nuestro cotidiano y, que muchas veces, hasta nos substituyen.
Como el cuento de Ana María Matute, intitulado La rama seca, se desarrolla en una pequeña villa, podríamos pensar que estas cuestiones mencionadas anteriormente no se aplican a la historia. Pero sea porque la explosión espacial borra las fronteras, como dijo Jesús Martín-Barbero, sea porque el campo vive en función de la ciudad, el hecho es que lo urbano ya no corresponde al espacio de la ciudad.
Así que podemos ver en el cuento de Ana María Matute como los relacionamientos interpersonales son de invisibilidad, olvido y vacuidad. Doña Clementina cerrada en un matrimonio infértil, con un médico dado al vino y que renegaba de la aldea todo el tiempo, “estaba ya hecha en su soledad”. La niña menor de la familia Mediavilla ya tenía seis años y quedaba todos los días encerrada en su casa mientras sus padres iban al campo. Pero esta niña había encontrado la felicidad ajena a todo su aislamiento – esta era Pipa.
Doña Clementina, se acerca a la niña después de percibir que ella no parecía triste, aunque estuviera siempre sola. Lo que conecta la mujer a la niña no son sentimientos como amor o ternura, sino una "curiosidad" que puede llevarla a encontrar su propia felicidad. Pipa es apenas una ramita seca y cuando ese objeto que simboliza todo el universo de felicidad de la niña se pierde, llega la desolación total. Ya no hay como huir de una realidad fragmentada que no proporciona seguridad ni consuelo. La muerte de la niña, por motivo tan banal, “era lo mejor para todos”, dicen.
La vida de Doña Clementina pasa a ser colonizada por la vida privada de la niña, o sea, que su vida gira alrededor del intento de experimentar la misma sensación de felicidad que la niña experimentaba con Pipa. Ese deseo coloniza todas sus actividades. No hay una relación de solidariedad o el despertar de un sentimiento de comunidad, de pertenencia, lo que hay es la dominación de un deseo de autorrealización.
Bauman nos muestra que, cuanto más íntimos son los sentimientos privados, más interés se tiene sobre las cuestiones particulares. Así que la única ventaja en tratar cuestiones ajenas es garantizar a cada uno el enfrentamiento diario de los problemas de manera solitaria –y por lo tanto, renovar y promover la agotadora decisión de seguir haciendo siempre lo mismo.
Tal vez el encuentro con esta niña que proyecta su felicidad en un trozo de percal haya sido el momento más significativo de la vida de Doña Clementina, ya que le da la oportunidad de tener, mismo que por poco tiempo, algo que no tiene.
En la primavera siguiente, tras la muerte de la niña, cuando Doña Clementina encuentra la ramita seca, en su jardín, empieza a experimentar la felicidad cambiada en objeto – en realidad, una proyección de lo que el mundo no la proporcionara. La ramita seca pasa a representar el aislamiento de los personajes en el mundo y, al mismo tiempo, su universo.

Relaciones Paralelas

por Lucas Benevutti
Este cuento de Ana María Matute nos muestra la amistad de una niña con su muñeca- que no es de las mejores, pero es para la niña la única. Eso nos muestra que lo importante no es la belelza o el lujo sino el afecto. Es ese el punto que nos hace reflexionar. Paralelamente, hay otro afecto que para que sigamos con las reflexiones... la niña y su vecina. Doña Clementina se siente sola así como la niña. La niña es para Doña Clementina lo que la muñeca es para la niña.

segunda-feira, 15 de junho de 2009

Describiendo las relaciones

por Priscila Vargas
En este cuento de Ana María Matute -la rama seca- somos muchas veces sorprendidos por los gestos de cariño y amistad entre la niña de los Mediavilla y doña Clementina, su vecina, que viven en un pueblo en el campo. Al contrario de lo que se podría pensar, la simplicidad de la vida rural y el tamaño del pueblo no aproxima a la gente, sus vidas está marcada por la carencia. Carencia de afeto y de proximidad. El texto deja en los lectores la marca y el valor de lo sencillo, enseñando que no nos podemos agarrar a las cosas materiales, ni siquera a lo que vemos, aprendemos que lo más importante es lo que sentimos.

"La rama seca"


Lo leímos... La rama seca... Dulce y amargo a la vez. Sorprendente e impactante y, sin lugar a duda, señor de un final lleno de sabores y desgarro... sobre todo para aquellos que no conocen la obra de Ana Maria Matute.
El texto trae experiencias y palabras nuevas, también nos brinda como algunas expresiones marcadamente orales. Éste es uno de los elementos que hacen con que el lector se aproxime tanto y tan delicadamente de los personajes. Éste no es un cuento de hadas sino un cuento de almas, de sangre, de dolor, un cuento vivo en el cual oímos latir los corazones.
Hablando de lo formal, es un buen texto para trabajar el imperativo así como diminutivos y aumentativos. A ver algunos ejemplos que mencionamos en nuestra charla:
Formas del Imperativo:
asómate, enséñamela, échamela, siéntate, devuélvesela, baja
Diminutivos:
huertecillo, vantanuco, carita, ramita, quietecita, Pascualín

ANA MARIA MATUTE

Nacida en Barcelona en 1926 Ana María Matute se dio a conocer en la escena literaria española con ‘Los Abel’, una novela inspirada en la historia bíblica de los hijos de Adán y Eva, en la cual reflejó la atmósfera española inmediatamente posterior a la contienda civil desde el punto de vista de la percepción infantil. Este enfoque se mantuvo constante y fue común a otros representantes de la llamada generación "niños asombrados".
A los cinco años, tras haber estado a punto de morir, escribió su primer relato. A los ocho años volvió a padecer otra enfermedad y pasó a vivir con sus abuelos. Se educó en un colegio religioso en Madrid y con 17 años escribió su primera novela -‘Pequeño teatro’- por la cual frimó un contrato pero que no se publicó hasta ocho años después.
Sus novelas no están exentas de compromiso social, pero no se adscriben a ninguna ideología política. Parte de la visión realista imperante en la literatura de su tiempo, y logra un estilo personal basado en lo imaginativo configurando un mundo lírico y sensorial, emocional y delicado. Su obra resulta así ser una rara combinación de denuncia social y de mensaje poético, ambientada en el universo de la infancia y la adolescencia de la España de la posguerra.
Cultivaba el relato corto -‘El tiempo’, ‘Historias de la Artámila’ o ‘Algunos muchachos’, así como textos de corte autobiográfico: ‘A la mitad del camino’ y ‘El río’. En estas páginas evoca sus experiencias de la niñez en el ambiente rural y bucólico. En el campo de la novelística está la trilogía ‘Los mercaderes’ (‘Primera memoria’, ‘Los soldados lloran de noche’ y ‘La trampa’), así como la exitosa ‘La torre vigía’ ambientada en el periodo medieval, y lo siguen: ‘Olvidado Rey Gudú’ (1997) y ‘Aranmanoth’.
También ha escrito cuento para niños, algunos de ellos recopilados bajo los títulos ‘Los niños tontos’, ‘Caballito loco’, ‘Tres y un sueño, ‘Sólo un pie descalzo’y ‘Paulina’.

Sobre la ola verde

por Priscila Vargas
En la "ola" podemos percibir como el escritor construye un texto sobre los problemas cotidianos abordando, sin embargo, hechos fuera de lo corriente. Y vemos como estamos todos envueltos en un gran alboroto. Podemos sentir la agitación agitada, oler los perfumes perfumados, ver la confusión confusa... y para ello es fundamental la adjetivación abundante y, a veces, sorprendente. El gas 'petroleo-clavel' es también un olor 'verde' que asusta y reune a la gente.