por Priscila Vargas
En este cuento de Ana María Matute -la rama seca- somos muchas veces sorprendidos por los gestos de cariño y amistad entre la niña de los Mediavilla y doña Clementina, su vecina, que viven en un pueblo en el campo. Al contrario de lo que se podría pensar, la simplicidad de la vida rural y el tamaño del pueblo no aproxima a la gente, sus vidas está marcada por la carencia. Carencia de afeto y de proximidad. El texto deja en los lectores la marca y el valor de lo sencillo, enseñando que no nos podemos agarrar a las cosas materiales, ni siquera a lo que vemos, aprendemos que lo más importante es lo que sentimos.
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